No entendía porque Viktor en vez de ir directo al piso subterráneo pulso el botón para ir al último piso de la torre. Lo sorprendente no fue subir, si no que era el único con acceso a ese lugar porque para ir se exige un código de seguridad.
Al llegar, un helicóptero esperaba por nosotros y el rugido de las hélices del helicóptero resonaba en mis oídos mientras ascendíamos sobre la ciudad. A pesar del estruendo del viento, el silencio entre nosotros era denso, cargado de una tranquilidad profu