La mañana estaba vestida de bruma y silencio.
Julia se apoyó en el marco de la ventana con una taza de café entre las manos. Afuera, el jardinero cavaba con cuidado alrededor del cedro que se alzaba en el patio trasero. Lo hacía con esa delicadeza que solo los que entienden la vida de las plantas pueden tener.
Ella lo observaba como quien observa una parte olvidada de sí misma.
Recordó claramente la primera vez que Álvaro le habló de ese árbol. Fue una tarde de domingo, cuando aún creían que el