—Sal de la tienda, Gia.
—Sí, Sir Nox, no pretendía causar ningún problema ni ser un inconveniente, volveré a mi puesto.
La mujer hace una ligera reverencia y sale de la tienda a paso apresurado, dejando atrás una sensación de incomodidad, infle un poco mis cachetes y me giré hacia el caballero, esperando a que me aclare que acaba de ocurrir.
—No se preocupe por esto, señorita Ginebra, le prometo que no volverá a ocurrir este tipo de mal entendidos.
—Gracias, pero ¿Qué acaba de ocurrir? Porque p