—Vaya a descansar señorita Ginebra, nosotras nos encargamos.
Noto como la chica de la silla traga salvia con dificultad y trata de levantarse de su asiento, pero le dije que, la que tenía que descansar era ella, no yo y que no tenía nada de qué preocuparse, que yo le llevaría sus cosas a la señorita Daimaris y sus acompañantes. Nadie en la cocina estuvo de acuerdo, pero estuve tan necia en mi punto, que al final accedieron, además, ellas están demasiado ocupadas con la comida; siempre se me hiz