—¿Por qué estaba al servicio de la señorita Daimaris? — Frunce el ceño mientras da un paso atrás.
Le impresionó más saber que estaba al servicio de la mujer que en que la conozca, incluso cuando mencioné su nombre, el viejo sonrío de forma amable y negó suavemente con la cabeza, como si hubiera recordado alguna travesura de la mujer siendo niña. Si... definitivamente, en este palacio no hay lugar para mí, es una pena que el rey no lo quiera ver.
—Creyó que era una mujer de servicio, así que...