—No— Dijo en voz baja y calmada. —Has sufrido mucho, hijo mío y lo que menos necesitas es arrodillarte ahora— Los ojos del hombre se posan en Dorian y luego en mi nuevamente. —Alessio, sé que en estos momentos estas lleno de dolor y rabia, pero créeme, matarlo no es la solución a tus problemas.
—Quizás no, pero al menos descargaría mi rabia— siseé, mi voz llena de enojo y dolor. El coraje se me atoraba en la garganta, y el dolor en mi corazón me hacía sentir como si estuviera a punto de estalla