En Estados Unidos.
William abordó su avión privado rumbo a Playa Escondida, con su asistente cerca.
—Señor, ¿desea contactar a la señorita al llegar a Playa Escondida?
—¡El Martillo Gigante! Adrián, vamos a jugar en ese —exclamó Lorena, señalando emocionada la atracción, llena de entusiasmo.
Su cara pálido estaba un poco sonrojado, y la frente y la punta de su nariz sudaban. Los mechones de su cabello, húmedos por el sudor, se pegaban a sus mejillas.
Sin duda, se estaba divirtiendo mucho.
Adrián