—¡Ese imbécil! —exclamó Marina.
Lorena se rio, sin querer. Tener a alguien que te apoya y protege era, sin duda, lo mejor del mundo.
—Tranquila. Ahora que cambié de número, ya no puede contactarme. Pero estoy preocupada de que César mande a alguien a vigilarte.
—¿Se atrevería a enviarme a alguien? Si lo hace, me encargaré de ir a confrontarlo personalmente —dijo Marina, agitando los puños como si estuviera lista para una pelea.
—¿No será que César quiere volver contigo? —preguntó de repente, con