—Está bien, suficiente, no más chistecitos. —César llamó a Santiago por celular.
—Trae un traje, por favor.
—Recuerda ponerte la crema para la quemadura —le recordó Teresa con amabilidad.
Santiago llegó rápidamente con la ropa.
César se cambió al traje y salió de la casa de Teresa.
Subió al auto y se fueron del conjunto residencial.
—¿A dónde vamos, jefe? —preguntó Santiago desde el asiento del conductor, con un tono neutral.
—Al conjunto Los Prados.
El auto arrancó.
César sacó su teléfono y vio