Al principio, María no tenía problema con que su hijo anduviera con quien se le antojara. Pero justo con Lorena… eso sí no lo podía tolerar.
¿Y ahora qué se suponía que debía hacer?
—No te preocupes, mamá. Le voy a pedir perdón. Voy a volver con ella —dijo César, con la mirada clavada.
Si Perla no lograba perdonarse a sí misma, él usaría lo que le quedara de vida para enmendar lo que hizo.
En este mundo, Perla era lo único que lo hacía respirar.
—¡Ay!
—Ya que estás tan seguro, no pienso detenert