—Perla, ¡tienes que confiar en mí! —y César no paraba de seguirla.
Perla caminaba rápido para perderlo de vista, pero el lugar no era tan grande, ¿a dónde más podía ir?
Justo entonces, su teléfono vibró con una notificación. Era Marina.
—Hermana, ¿dónde vamos a comer? No me gustan las cosas de paquete, ¿y si salimos mejor? Ricardo y yo te esperamos en la entrada principal.
—Ok, me parece bien.
Como no tenía a dónde ir, salir a comer parecía una buena idea. Le escribió al equipo del evento y sali