Rocío no lo podía aguantar y tenía la frente en alto, con mil injusticias atoradas en el pecho.
—¿Por quién crees que hago todas estas cosas? ¡Si no es por nuestra familia!
Saúl ya no la soportaba. Siempre con los mismos dramas, llorando y quejándose. Se le notaba la molestia en la cara.
Gritó, harto:
—¡Lola, lleva a mi mamá para que se lave la cara!
Se paró y se fue derecho a la puerta.
—¿Saúl, a dónde vas tan tarde? ¿No vas a cenar en casa? —Rocío se levantó con los ojos rojos, medio colgada d