Marina estaba tan enojada que quiso pegarle, pero cuando su mano estaba a medio camino, pensó de repente en Ricardo.
¿Sería él quien había enviado las flores?
Y esas palabras tan cursis… eran justo el tipo de cosas que él diría.
Dudando, tiró la tarjeta sobre la mesa y estuvo a punto de tomar su teléfono para mandarle un mensaje y preguntarle directamente.
¿Ayer la había seguido hasta su casa? ¡Ese maldito de Ricardo!
Apenas sus dedos tocaron el celular, cuatro pares de ojos la miraron