No dijo si aceptaba la disculpa o no.
El arrepentimiento de Natalia y Bianca, fuera real o falso, no cambiaba nada en la vida de Perla.
Tampoco tenía la obligación ni el interés de enseñarle modales a niños malcriados de otras familias.
Tenía muchas cosas más importantes que hacer, que andar perdiendo el tiempo en esas pendejadas.
Y mucho menos iba a hablar con William para ayudar a los Piccolo en temas de negocios.
—Entonces… sobre nuestro regalo de disculpa… —Bianca señaló la bolsa c