La fiesta había terminado, y la familia Piccolo se reunió en la sala del tercer piso.
Las empleadas se mantuvieron lejos, sin acercarse.
Emiliano estaba sentado en el sofá principal, con una mirada cortante fijada en Natalia, que estaba en el otro extremo. En sus ojos no había rastro de calidez familiar.
Natalia intentó esconderse detrás de su madre.
Rodrigo la miraba con desprecio.
—No haces nada útil en todo el día y, encima, ¡te la pasas metiéndote en problemas! ¿Eres una buena nada