La nueva fachada de "La Prohibida" brillaba bajo la luz de la luna con una elegancia quirúrgica. El letrero de madera tallada por Mateo había sido reemplazado por una placa de vidrio templado con el sello en bajo relieve de la Orden de la Mesa Blanca. Ya no olía a salitre y pescado fresco; ahora, un sistema de ventilación oculto filtraba el aire, dejando un rastro artificial de cítricos y sándalo.
Emma estaba de pie en su propia cocina, pero se sentía como una intrusa. A su lado, dos "asistente