El pitido del contenedor sumergido se aceleró, transformándose en un chillido constante que ahogaba el sonido del mar. La luz roja parpadeante ya no era una advertencia; era una cuenta regresiva final.
Elias Thorne extendió su mano enguantada, sosteniendo un contrato digital.
—Firme, Emma. Entregue la gestión de "La Prohibida" a la Orden y mis buzos activarán el inhibidor de frecuencia. Salve el muelle. Salve su pequeña joya roja.
Emma miró a los pescadores. Vio a Mateo abrazando a su nieto, tr