El restaurante era un hervidero de periodistas, luces de flash y gritos de abogados. Mientras la policía escoltaba a Beatriz DArgent fuera del recinto —no como detenida, sino para protegerla de la turba de prensa—, Emma y Azkarion se refugiaron en la cámara frigorífica, el único lugar donde el ruido no podía alcanzarlos.
—¿Cómo que el tercer contenedor no está? —preguntó Emma, abrazándose a sí misma para combatir el frío del almacén—. El capitán dijo que los tres estaban alineados con el faro.