El calor del mediodía caía pesado sobre la tierra, haciendo que el polvo que se levantaba con cada paso quedará suspendido un poco más de lo habitual. Selene había decidido ir al pueblo sola esa mañana, pero no tardó en notar las miradas furtivas que la seguían desde los portales, desde las ventanas entornadas. Sabía que regresar no iba a ser fácil, pero no había imaginado que los rumores viajaran tan rápido, ni que fueran tan afilados.
La vieja droguería de don Mateo, con su techo de tejas des