La mañana siguiente trajo un aire fresco que no logró disipar el calor que latía entre ellos desde el beso no hablado de la noche anterior. Selene evitaba su mirada cada vez que se cruzaban en la cocina o el corral, y Simón encontraba cualquier excusa para salir antes del desayuno. Ninguno decía nada. Pero todo lo que callaban parecía cargarse en el ambiente como una tormenta.
Mientras cortaba leña detrás del granero, Selene se detuvo un momento observando a Simón. El crujido de la madera bajo