Capítulo 8.
Las hojas secas crujieron bajo las botas de Selene mientras avanzaba por el sendero que dividía los sembradíos de maíz. El aire olía a tierra húmeda, a promesa de cosecha. El murmullo de las plantas al moverse con la brisa parecía acompañarla como si el campo también quisiera hablarle, contarle secretos antiguos que se habían quedado atrapados en las raíces.
Simón venía unos pasos atrás, con las mangas arremangadas y la mirada fija en el horizonte. Desde hacía un par de días tras la pelea con E