El sol apenas se colaba entre las ramas del nogal viejo cuando Selene escuchó el galopar de un caballo acercándose desde el camino principal. El crujido de los cascos sobre la gravilla la sacó de su ensimismamiento, justo cuando recogía las herramientas tras una mañana de trabajo en los telares con las mujeres del pueblo.
Giró sobre sus talones con el ceño levemente fruncido. No esperaba visitas. Su blusa blanca estaba manchada de polvo, las manos con restos de tintura natural y su cabello reco