Las primeras luces del amanecer se deslizaban por el campo como un suspiro tibio. Selene se quedó quieta frente a la ventana de la cocina, sosteniendo una taza de café que se había enfriado en sus manos. Afuera, la tierra seguía allí. Las colinas, los árboles, el viejo establo... todo aquello por lo que había luchado y que ahora parecía pender de un hilo.
Aunque habían hablado y pareciera que todo estaba bien entre Simón y ella la verdad es que se creo una pequeña brecha entre ellos. Esa noche