Alba
La puerta se cierra de golpe detrás de mí.
Me detengo en el pasillo vacío. El silencio es total. Ningún ruido. Ningún susurro. Solo ese latido en mi pecho regular, insistente. Ese latido que me esfuerzo por ignorar.
No me doy la vuelta.
No debo hacerlo.
Me prohibo comprobar si él me ha seguido.
Sé que no lo ha hecho.
Aún no.
Mis tacones resuenan en el suelo del pasillo y, con cada paso, siento el eco del caos que he dejado atrás. Un hombre a flor de piel. Un fuego contenido. Un deseo sin s