Gia.
Veo a todo el mundo en la cima de las escaleras plegables, colocando mi trabajo de semanas colgando en el techo.
—No, realmente no creo que se vea perfecto —opino, pero cuando Dade gira el cuadro de medio metro hacia la derecha, le asiento.
Me muevo al lado izquierdo del pasillo, visualizando a otro ayudante colocar de forma asimétrica los cuadros pequeños, y este ríe.
—Расслабляться, señorita Gia.
Me giro hacia Dade y ella ríe por mi rostro confundido.
—¡Dice que te relajes, jefa!
Eso he i