Camino hacia la barra, y lo encuentro allí… recargado con un vaso en la mano. Su camisa negra resalta aún más la intensidad de su mirada, oscura, fija, llena de ese fuego que me consume. La electricidad entre nosotros es inmediata. La tensión sensual que siempre nos envuelve se siente más viva que nunca.
Con una sonrisita, me acerco y le digo:
—Hola, guapo. ¿Esperas a alguien?
No obtengo respuesta. Al menos, no con palabras.
Me toma por la cintura con fuerza y me aprieta contra él. Su aliento m