El fin de semana pasó sin pena ni gloria.
Él por su lado. Yo por el mío. Nos topamos un par de veces en la casa de la playa, pero apenas nos dirigimos la palabra.
Yo pasé la mayoría del tiempo en la arena, leyendo o hablando con los chicos por celular.
¿Él? No sé… y la verdad, tampoco me interesa.
Cuando llegó el momento de regresar, lo vi cargando las últimas maletas. Subí al auto sin decir nada.
En el trayecto, lo veo perdido en su teléfono.
Yo hice lo mismo. Gracias a Dios, el camino fue cor