Suenan las campanas. El murmullo se apaga.
El silencio se hace espeso.
Comienzo a caminar por el largo pasillo que me separa del altar… y de lo inevitable.
Alli esta el, al final del pasillo... Vestido de negro, impecable.
Su peinado perfecto, ni un solo cabello fuera de lugar. Su barba definida con precisión.
Y su mirada… intensa, directa. Cargada de algo que no