El aire en la mansión estaba tranquilo, casi sombrío, a pesar de la calidez del sol de la tarde que iluminaba suavemente los grandes ventanales. La familia Rossi Moretti había llegado de Suiza, pero la paz que se sentía en la casa no era más que una fachada, un intento desesperado de hallar calma después del torbellino que había significado el regreso.
Isabella estaba sentada en el sofá de la habitación, mirando fijamente el horizonte a través de la ventana, el pequeño Marcos dormía plácidament