Las semanas posteriores a la visita al resort transcurrieron con una extraña calma. Como si todos los involucrados supieran que algo importante se había quebrado, pero nadie se atreviera a ponerle nombre.
Alessa pasaba las mañanas revisando documentos, firmando autorizaciones, dando órdenes. Aparentemente entera. Firme. Pulcra.
Pero solo ella sabía que cada noche se acostaba con la falta de Salvatore aún latiendo en la piel.
Se despertaba con su perfume fantasma en las sábanas. Se tocaba el cue