La mañana siguiente a la cena, el grupo se marchó a la constructora para continuar con su apretada agenda, mientras que Chiara se dirigía a la academia. Francesco, Isabella y el pequeño Marcos regresaron a la mansión Rossi, para visitar al abuelo.
Al llegar, el abuelo los recibió con una sonrisa de alegría, sosteniendo al pequeño Marco en sus brazos, quien lo miraba con ojos brillantes.
—Mira cómo está de grande este caballerito —dijo el abuelo mientras el pequeño sonreía al escuchar su voz, su