Mientras en Sicilia la noche ardía en sangre y silencio bajo la sombra de Salvatore, en Calabria, Alessa y Leonardo estaban en la habitación intentando dormir. La tensión por la visita al médico en la mañana no los había dejado conciliar el sueño, hasta que, después de unas horas, se quedaron dormidos abrazados el uno al otro, con las manos sobre el vientre de ella, donde nacía la esperanza. El cálido aroma de su piel se entremezclaba con el ligero susurro del viento que se colaba por la ventan