El aire aún conservaba la frescura de la noche anterior cuando Alessa bajó del auto en el resort. El cielo era un lienzo azul pálido, y el aroma del mar, mezclado con decoraciones, muebles nuevos, llenaba el ambiente.
Apenas dio un paso hacia la zona de planos, una voz familiar la detuvo.
—Dijiste que no los querías fríos.
Ella giró.
Salvatore estaba allí, con una caja blanca en una mano y dos cafés en la otra. Vestía una camiseta negra ajustada, jeans oscuros y el cabello ligerame