La noche cayo, sobre los rostros cansados, Don Marcos se levantó y le ordeno a todos que fueran a descansar, todos asintieron y uno a uno comenzó a retirarse el último en levantarse fue Francesco, en silencio siguió los pasos del abuelo.
Cuando pasaron por la puerta principal de la habitación del pequeño, Francesco se detuvo por un momento hizo para girar la manilla pero la mano de Don Marcos se lo impidió. —Déjala, ahora no es el momento, si la presionas solo encontraras su peor versión. Dale