La mansión Rossi-Moretti parecía un mausoleo. El eco del llanto de Isabella todavía flotaba como un lamento entre sus muros.
En una de las habitaciones, Chiara, con las manos temblorosas, tomó el teléfono y llamó a Charly. La línea tardó unos segundos en conectarse, y cuando su voz sonó, fue un susurro de angustia.
—Charly... —sollozó—. Es... es el bebé. Lo secuestraron y hace un momento lo encontraron... muerto.
Chiara termino de contarle todo y un silencio denso cruzó la línea.
Charly contuvo