La tormenta no cesaba. La lluvia golpeaba los ventanales como si quisiera arrancarlos, y la bruma que envolvía la ciudad hacía que todo pareciera parte de una historia suspendida entre el miedo y la esperanza. Luciana, sentada en el suelo de la sala, observaba el USB girar lentamente entre sus dedos. No lo habían conectado desde que Eliseo les entregó el código. Sabían que hacerlo podría activar alarmas, pero también que dentro podía estar la pieza que les faltaba.
—Tenemos que saberlo todo —di