La luz del amanecer se colaba suavemente por las cortinas de la habitación, acariciando con delicadeza el rostro dormido de Luciana. Alexander, despierto desde hacía un buen rato, la observaba en silencio, maravillado ante la paz que ahora reflejaba su expresión. Habían pasado días desde que Eleanor fue arrestada, poniendo fin a la tormenta que amenazó con destruir sus vidas, pero todavía no terminaba de creer que la pesadilla había acabado realmente.
Con cuidado, acarició suavemente su mejilla