El "te amo" de Maximiliano resonó en el aire de la habitación, cargado de una vulnerabilidad y una certeza que me calaron hasta los huesos. Mis propias lágrimas eran un testimonio silencioso de los sentimientos que habían florecido en secreto durante tanto tiempo. "Yo también te amo", había susurrado, aferrándome a él como si el mundo exterior amenazara con arrebatárnoslo.
Nos quedamos abrazados durante un largo rato, el silencio roto solo por nuestros suspiros entrecortados. La confesión de su