Dos años.
Dos años, desde que la puerta de ese despacho se cerró tras de mí, llevándose consigo no solo un empleo, sino también una parte de mi alma que se había entrelazado con Maximiliano de una forma que nunca creí sucedería, se suponía que era solo sexo.
Renuncié con la dignidad hecha pedazos y el corazón latiéndome salvajemente, un eco constante de su nombre. ¿Cómo había podido permitir que ese hombre... que ese sentimiento me consumiera hasta este punto?
Mi primer refugio fue Valencia,