El viento frío de la carretera golpeaba la piel de Aitana mientras ella e Iván se alejaban de los restos del enfrentamiento. Sus cuerpos estaban cubiertos de suciedad, sangre y adrenalina pura. Pero habían sobrevivido.
Por ahora.
—Tenemos que salir de aquí antes de que lleguen refuerzos —dijo Iván, tomando su mano con firmeza.
Aitana asintió, sintiendo el calor de su agarre a pesar del peligro que aún los rodeaba.
A lo lejos, vieron un camino de tierra que conducía a una zona boscosa. Sin otra