Capítulo XIV: Una tensa noche.
Abigaíl asintió. Fue una respuesta simple, apenas un movimiento de cabeza, pero contenía la compleja mezcla de agotamiento, resignación y una curiosidad que no se atrevía a nombrar. Aceptaba la realidad de la cama matrimonial, la única disponible en medio del lodazal invernal que era Montana esa noche. La mirada de Joe, que había sido una mezcla fugaz de culpa y una decisión silenciosa, la había instado a la aceptación. No había preguntas, no había drama. Solo necesidad.
Subieron al tercer piso. Los pasillos del lodge eran de madera oscura, crujían bajo sus pesados pasos y olían a antigüedad y humedad. Al llegar a la puerta marcada con el 307, Joe introdujo la llave de ciervo y empujó la pesada puerta.
Entró primero, como si estuviera asegurando el perímetro. Abigaíl se quedó en el umbral, su corazón latía con la rapidez de un conejo asustado. No era pequeña. De hecho, la habitación era sorprendentemente espaciosa. Tenía paredes de troncos rústicos, una alfombra de piel de oso sintéti