Mientras el aire en el piso 50 del edificio Briston Group se cortaba con la frialdad de los negocios, a las afueras de Nueva York, en la majestuosa casona familiar, el aire se llenaba de un aroma a cambio y a justicia. Un enorme camión de mudanza estaba estacionado frente a la escalinata principal, rompiendo la paz sepulcral de la propiedad.
Abigail bajó del primer vehículo escoltada por Estela. En sus brazos, envuelto en una manta de lana blanca, el pequeño Cael dormía ajeno a las guerras de h