Fiona
El eco prolongado de mis tacones finos reverberó en el extenso mármol pulido del ático, multiplicándose y extinguiéndose lentamente mientras cerraba la puerta pesada tras de mí, aislándome del mundo exterior. El sonido, nítido y resonante, acentuaba la sensación de vacío.
Todo permanecía meticulosamente en orden, inmaculado hasta la exasperación, y gélido al tacto... exactamente como yo lo había dejado antes de salir. La perfección impasible de este espacio reflejaba, en su fría exactitud