Edward
Desperté aquella mañana con una profunda sensación de certeza, una convicción tranquila de que me encontraba exactamente en el lugar correcto, en el momento preciso. La luz, filtrándose suavemente a través de las cortinas de tejido intrincado, proyectaba un resplandor cálido y acogedor sobre la cama, ligeramente revuelta después de una noche de dulce intimidad con Grace. Mi cuerpo, aún adormecido, conservaba el placentero cansancio que solo deja una noche larga y compartida. Hacía tanto