Edward
Silencio. Un largo silencio reinó entre nosotros. Permanecíamos en silencio por un rato considerable, los dos recostados sobre las sábanas desordenadas y revueltas, la tela arrugada testimonio de la reciente intimidad, con la respiración aún irregular y entrecortada, un eco persistente del esfuerzo físico, pero, a pesar de todo, en paz, una calma serena que se asentaba sobre nosotros. Grace tenía la cabeza apoyada suavemente en mi pecho, sintiendo el ritmo constante de mi corazón, y mis