Edward anunció que se tomarían un par de minutos para regresar al banquete y acompañar a los invitados en el gran jardín. Entrelazó su mano con la de Grace y la apartó sutilmente del grupo de personas que se acercaban a felicitarlos. Edward, en realidad, se sentía incómodo; todo lo que sucedía a su alrededor en ese momento lo abrumaba, casi llevándolo al límite.
—Espera, no puedo correr con este vestido —se quejó Grace. Él mantenía su mano firme y, con la otra, ella recogió un poco del vestido