Edward y Grace fueron abordados por sus hermanos y sus esposas al salir. Viendo que Grace estaba entretenida hablando con una de sus cuñadas, Edward se adelantó para saludar a los Hilton. Al llegar a la mesa, un hombre alto y fornido, vestido de etiqueta, le saludó efusivamente.
—¡Edward Langford! Felicidades, ¿dónde está la afortunada? —preguntó, visiblemente emocionado, por haber sido invitado a un evento tan privado de alguien con quien había hecho negocios antes.
—En unos momentos viene. ¿C