La hoja del sobre seguía temblando sobre la mesa cuando Isabel se levantó de la cama. No lo abrió. Aún no. Algo dentro de ella le decía que esa verdad no debía ser forzada, sino escuchada en su debido momento. Como un eco que encuentra su propia voz.
Se duchó con agua tibia. Dejó que el vapor abriera sus poros y se llevara los restos del día anterior. Al vestirse, eligió prendas ligeras, como si presintiera que lo que iba a encontrar requería de ligereza, no de armadura.
Al bajar al vestíbulo d