El sol se filtraba a través de las cortinas de seda, dibujando patrones dorados sobre el suelo de mármol. Elena observaba aquellos rayos de luz como si fueran visitantes de un mundo al que ya no pertenecía. Tres semanas habían pasado desde el incidente con Javier, y la mansión que alguna vez consideró un palacio de ensueño ahora se alzaba a su alrededor como una fortaleza impenetrable.
Se acercó al ventanal y apoyó la frente contra el cristal frío. Desde allí podía ver los jardines exuberantes,