Dante no podía quitarse la imagen de Sophía de la cabeza, su rostro angustiado al final de aquella pesadilla para ella lo perseguía. A cada paso que daba por la mansión, su mente se llenaba de pensamientos oscuros, de estrategias y amenazas. Pero sobre todo, sentía algo que no había experimentado en mucho tiempo: impotencia.
Las palabras de Sabrina seguía retumbando en sus oídos. Había sido clara en sus palabras: Sophía estaba con uno de sus enemigos, y él no tenía tiempo que perder. Mientras s